CAMINO DE SANTIAGO: CAMINANTE NO HAY CAMINO SIN QUE ELLO MINE EN TI…

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Parece que he tenido que parar para poder escribir sobre “El camino”, parece como si nunca hubiese querido encontrar el momento para pensar sobre ello, parece más complicado pararse a pensar sobre las cosas que continuar en movimiento.

En movimiento, es como me gusta estar; ello me ayuda a no mirar dentro de mí, a no ver aquello que odio y que me gustaría cambiar, pero que requiere tanto esfuerzo y sacrificio, que prefiero mirar hacia otro lado para así poder sentir la mejor parte de mi.

La mejor parte de mi, quizás sea tener presente el pensamiento de luchar por un continuo crecimiento; favoreciendo siempre a los demás. Tan difícil es tener este pensamiento, como llevarlo a cabo. Sin embargo, rodearse de personas que tienen esa parte que anhelo hacen que continúe mirando hacia ese ansiando cambio que me aportaría algo diferente.

Algo diferente es lo que buscaba en este camino, no esperaba vivir la aventura francesa en bicicleta de hace un año; y por ello comencé a plantear el viaje de forma selectiva a aquellas personas que creía capaces de recorrer una tirada diaria de 20 kilómetros a pie. Creía tenerlo todo controlado como de costumbre, y como de costumbre comencé a perder el control cuando hablaba sin filtros del viaje que esta vez quería hacer acompañada. Creía que lo complicado iba a ser llegar a terminar cada etapa, sin embargo; lo complicado del viaje es que tuve que parar muchas veces para mirar dentro de mi misma.

Una vez seleccionada la compañía, el material, el destino, el kilometraje, los albergues/hostales ; nos pusimos en marcha de madrugada en un autobús nocturno que tras 10 horas de viaje nos dejó en la ciudad en la que comenzaremos el peregrinaje: Sarria. Así pues, sin dormir, a las 10 pm de la mañana y con el sol de frente nos pusimos a caminar con una sonrisa en la cara. Fueron aproximadamente 6  horas en las que surgieron ampollas, heridas, conversaciones interesantes, risas desmesuradas, preocupaciones, malestar físico, falta de desconexión, falta de conexión, madridaje… Esta primera etapa, fue precisamente una primera toma de contacto de lo que estaba por venir…Terminamos los 22.5 km de Sarria- Portomarin.

En esta etapa comienzo a mirar dentro de mí, una persona aparentemente independiente que cuida de si misma y que angostamente no necesita cuidar de otros ya que asume dentro de su independencia el auto cuidado que tan pragmáticamente la han inculcado desde pequeña.

Empieza Portomarin- Palas de Rey 25 km, y el egocentrismo aflora, el narcisismo presume de lo que la juventud le brinda a los 28 años y la endiosada se engrandece al comprobar que físicamente su cuerpo va sobre ruedas. Sin embargo, la juventud es ingenua e inocente al creer que hablar claras las cosas previamente a un viaje asegurara el control de todas las posibles situaciones que se den en él. Miro dentro de mi, y a pesar de haber hablado antes de iniciar este viaje con todas las personas que vendrían de que yo llevaría mi propio ritmo, soy incapaz de romper las reglas y de llevar el ritmo que lleva mi madre, soy incapaz de tan siquiera hacer una nueva etapa al ritmo que le piden sus piernas, soy incapaz  de cuidar a una persona que creí invencible porque pensé que jamás podría romperse para tener que adoptar yo su rol….Esto me causa malestar, mis piernas me dicen que continúe, mi juventud acentúa mi inconsciencia y mi falta de práctica en el cuidado directo hacia alguien hacen que continúe hacia delante…Llamo a mitad de camino, la respuesta es que se encuentra bien y nos separan 5 kilómetros…Se completan los 25 km, mi madre llega a los 30 minutos de llegar el resto, dice que no ha parado a descansar.

Se mantiene una conversación, las cosas se asientan, es necesario que cada uno lleve su propio ritmo sino este viaje dejaría de ser algo espiritual y no encontraríamos el crecimiento que buscábamos.

Iniciamos Palas de Rei- Arzúa 30 km, físicamente el cansancio  comienza a hacerse notar, se continúa con los trucos vaselinizados, con mochilas ceñidas y apretadas, con calcetines infinitamente altos y con pomadas antiinflamatorias. Particularmente, salgo con ganas; no hay nada que me quebrante el pensamiento, se de la fortaleza de ella y en ningún momento me preocupa que la pueda pasar nada, simplemente salgo y disfruto; por fin comienzo a saborearlo e inicio la búsqueda de sentir el placer caminando sola. Dejo al grupo atrás, y me fijo en unas jóvenes que creo que pueden darme algo de diversión en este viaje; me uno e inicio caminata a buen ritmo con  una  conversación llena de maratones, tiempos, carreras, lesiones… Lo estoy disfrutando, pienso; estoy siendo yo, por fin; el tiempo vuela y esta etapa está siendo maravillosamente productiva. Existen momentos de apretar los dientes, momentos de paradas culinarias de huertos perdidos en Galicia o de paradas para adquirir nuevos calcetines….Etapa físicamente potente en kilometraje pero enormemente enérgica…..Lo mejor de todo, saber que ella lo lograría; tardó 12 horas en llegar, agotó la batería del móvil tras hablar una hora mientras comía el famoso pulpo de Mellides. Tuvimos que acercarla al ambulatorio para realizarla curas y por fin decidió caminar en las siguientes etapas sin mochila.

Empieza la fiesta con Arzúa- Pedrouzo 19.2 km, los deportistas también caemos por muy  bien preparados que estemos, nos lesionamos , nos resentimos e incluso nos rompemos….Mi rodilla derecha comenzó a decir ¡basta¡, mis articulaciones maleolares comenzaron a  gritar ¡ para¡ y mi raciocinio comenzó a decir¡modera¡. Bastantes paradas, un ritmo lento para mi gusto pero necesario para mis dolencias..Una etapa que realicé sola porque en movimiento es como me gusta estar, porque mi inconsciencia no quiere hacer ese alto en el camino…. Camino moderado, camino paciente, camino revelador.

Termina la fiesta, he caminado acompañada a un ritmo asequible, a ritmos aceleradores, a ritmos desacelerados, a mi ritmo…. Hoy, toca caminar a ritmo de nadie Pedrouzo- Santiago de Compostela 19.9 km, toca aprender sobre naturaleza de mano de una experta, toca disfrutar de lo que te brinda la naturaleza, toca esperar la llegada hacia donde nos dirigimos, toca probar los frutos naturales del campo, hacer un alto en el camino, pararse en movimiento, disfrutar de lo que estamos viviendo.

Inevitablemente, llego pensando que el camino no me ha servido de nada, que no he crecido, que no he mirado dentro de mí, que ha sido inútil y que no lo he disfrutado, sin embargo; estaba equivocada, me ha servido para buscar esa madurez en mi, para aliviar ese egoísmo de la inexperiencia, para no guardar rencor hacia los actos de los demás; porque esto no te deja vivir en paz.

¡Dejad de intentar cambiar las cosas,  las cosas son tal cual son! , debemos aprender a convivir con ellas, no hay que dejarlas a un lado.

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